Blog octubre 21, 2019

El Cristiano y la Revolucíon

 

En los últimos días hemos presenciado algo importante en Chile.

 

Algunos lo ven como el inicio de un futuro mejor para este país. Un momento para hacer oír la voz del pueblo. Decir ‘basta ya’ los abusos y a los problemas que afectan nuestra sociedad. Veía un video de un señor que expresaba era emblemático de esta perspectiva, casi lloraba de la alegría rodeado de todo el ruido y la locura de la protesta.

 

Otros tenemos un escepticismo mayor en cuanto al resultado de estos sucesos ya que parece seguir un patrón bastante conocido. Vemos el espíritu revolucionario manifestado en rabia, desesperación y violencia. Los frutos después de solo unos días ya son mas de una docena de muertos, una gran cantidad de buses, trenes, tiendas, y supermercados quemados, pequeños negocios y casas saqueadas, violencia en las calles, atropellos, militares y policía desplegados en todo el país. Esto dejó de ser simplemente una manifestación pacifica y por mas que muchos puedan tener la intención de dar a conocer su opinión en las calles de manera pacifica ya es casi imposible separar la violencia vivida del movimiento social en si.

 

Al escribir esto es una historia todavía en desarrollo. Creo que la mayoría esperamos que lo peor ya ha pasado pero los que conocen algo de la historia sabrán que cuando se despierta el monstruo de la muchedumbre, cegada por la rabia y el dolor, nadie realmente sabe donde puede parar o quienes serán devorados en el camino. Aun así, asumiendo que lo peor ha pasado (y bueno… escribir sirve para distraerme un poco de lo que esta pasando en la noticias) quiero analizar de manera un poco mas profunda el problema de raíz de este asunto.

 

Quizás la respuesta mas común que he escuchado de cristianos en es un a condenación a la violencia, seguida por un infaltable ‘pero’. Para muchos la causa es buena pero hay algunos que pecan en su celo por la justicia. Este es una idea interesante porque nos lleva a hacer la pregunta ¿cual es el fruto? Jesús dijo:

 

“Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa, árbol malo que produzca fruto bueno. Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.” Lc 6:43-45

 

¿Que es lo que es lo que abunda en el corazón de aquellos que marchan por las calles en este día? El fruto hasta ahora me parece innegablemente malo y lo que sale de la boca nace en el corazón. Pero un corazón maligno no solo produce palabras:

“Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre.” Mar 7:21-23

 

Esto es lo que esta contaminando nuestras ciudades, y esto es lo que observamos en todo su horroroso esplendor en las calles de Chile. Me llama la atención especialmente el ultimo vicio mencionado en la lista la ‘insensatez’ ¿Cuanto odio, avaricia y envidia… cuanto orgullo y maldad abunda en el corazón del hombre que lo lleve a quemar los supermercados de su comuna? Me acuerda el relato de Flavio Josefo sobre el sitio de Jerusalén en el 70 d.C y como las facciones Judías dentro de la cuidad peleaban unos con otros, incluso quemaban los graneros que guardaban los últimos restos de comida en una cuidad rodeada por soldados Romanos. Al igual que esos zelotes judíos, estos revolucionarios chilenos no pensaron en lo que van a comer mañana, o como se van a alimentar sus vecinos, un corazón envenenado por el odio y la envidia no tiene tiempo para preocuparse de esas cosas.

 

Ahora ¿hay problemas que Chile debe solucionar? Claro que si ¿tenemos que hablar de la salud? ¿educación? ¿AFP? ¿SENAME? Sin duda. Pero la solución a todos estos problemas no es concentrar mas responsabilidad y poder en el Estado. Esa es una locura de lo que propone la Izquierda Chilena. De alguna manera, el gobernó que ha mal manejado tantas cosas, ahora debe ser la solución a todos estos problemas. Si no lo hicieron bien la primera vez ¿porque van a cambiar si le damos mas responsabilidad y poder? Algunos dicen que el problema es Piñera, pero todos problemas mencionados existieron durante los gobiernos pasados (y vale agregar, incluso con Presidentes de Izquierda). No señores, estos problemas no se solucionan con mas Estado. Necesitamos tener una cosmovisión bíblica para entender que Dios no ha puesto toda autoridad en mano del Estado. El individuo, la iglesia y la familia también tienen un rol que cumplir en estos temas y al anular el rol de estas instituciones vamos en contra el plan y el diseño de Dios para la sociedad.

Muchos tienen mas hambre y sed de revolución que de justicia y de la misma manera olvidan o ignoran la historia del siglo 19 y 20 llena de sufrimientos causadas por revolucionarios fracasados. Pero el revolucionario tiene una fe inconmovible. ‘la próxima vez tiene que funcionar’. Lamentablemente esa fe no es mas que idolatría. Fe en un dios falso que es ciego, sordo y mudo. Este ídolo pide mas sacrificios., siempre mas sangre, pero nunca da algo a cambio.

Groen Van Prinsterer tenia razón cuando dijo que la ‘doctrina revolucionaria es la incredulidad aplicada a la política’. Claro siempre hay quienes intentan hacer un sincretismo entre la doctrina revolucionaria y la fe cristiana. Muchos hablan de la ‘teología de liberación’ o ‘teología latinoamericana’. Aparentemente no toman muy en serio las palabras de Jesús sobre lo imposible que es servir a dos maestros.

 

Fundamentalmente los revolucionarios enseñan que el problema del hombre son los sistemas opresores externos y si tan solo podemos liberar al hombre de esos sistemas externos podemos solucionar los males de nuestra sociedad. El evangelio nos enseña que el problema del hombre es interno, si quitas lo externo la maldad sigue en el corazón. Es por eso que no hay substituto a la predicación del evangelio. Solo Cristo tiene lo que puede sanar a una sociedad enferma.

 

El revolucionario nos dice que este cambio debe venir por medio de cambios abruptos. Nos señala que quienes tienen el poder no lo van a dejar voluntariamente y por eso es necesario la revolución. Jesús dijo que su Reino es como una semilla de mostaza que lentamente va creciendo. Levadura que lentamente va transformando toda la masa, una piedra que empieza pequeña pero termina siendo una montaña que llena toda la tierra. Y todo esto nace del mensaje de la cruz. El evangelio predicado y aplicado a todas las áreas de la vida. La Palabra y el Espíritu llevando cada pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo.[i]

 

Si quieres estar en el lado correcto de la historia hoy día no tomes parte en la idolatría revolucionaria. No busques entre los sistemas fracasados del hombre lo que solo puede entregar el mensaje de la cruz. Preocúpate por tus vecinos y defiende tu familia. Y junto como pueblo evangélico oremos que en estos días oscuros, el evangelio de Cristo traiga sanidad a esta nación.

 

 

[i] 2Cor 10:5

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